A la Dulce Niña de mis ojos

Mi corazón tiene dueño,
sereno se encuentra en la mar,
pues es tu manto malagueño,
una cuna de amor y sal.

En su gran mirada, tristeza,
en las manos, fuente de dolor,
pero muestra entereza,
y reluce como una flor.

Capuchinos y su tesoro,
a sus pies mujeres y hombres,
Ella es mucho más que el oro,
¡valioso su Dulce Nombre!

Capuchinos y su madre,
la buena y dulce amapola,
reside en un barrio amable,
malagueña boquerona.

Capuchinos y su reina,
gran devoción granciscana,
lo que es la belleza enseña,
pura elegancia mariana.

Junto a ti es como soy feliz,
Madre, quédate conmigo,
qué alegre gritaré en abril,
¡Señora de Capuchinos!

Claudia Anaya Villalta

Málaga

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